Darles lo que “no” quieren

Todas queremos lo mejor para nuestros hijos. El reto al educarlos radica en la fina línea divisoria entre lo que ellos quieren y  lo que consideramos es lo mejor para ellos. A veces coinciden, pero cuando no, nos enfrentamos a un  dilema.

 El problema es que muchas de las decisiones para determinar lo que es mejor para ellos son dolorosas de momento e impostergables. El siguiente  texto de Miguel de Unamuno fue el que inició esta reflexión:

“Se dice, y acaso se cree, que la libertad consiste en dejar crecer una planta, en no ponerle rodrigones, ni guías, ni obstáculos; en no podarla, obligándola a que tome ésta u otra forma; en dejarla que arroje por sí, y sin coacción alguna, sus brotes y sus hojas y sus flores. Y la libertad no está en el follaje, sino en las raíces, y de nada sirve dejarle al árbol libre la copa y abiertos de par en par los caminos del cielo, si sus raíces se encuentran, al poco de crecer, con dura roca impenetrable, seca y árida  o con tierra de muerte.” 

 En el mundo de hoy todo invita al descompromiso. Las modas se basan en vivir la vida, en dejarse llevar. La libertad de pensamiento, de elección, mal entendidas, confunden a los niños y jóvenes y los hacen creer  que todo es válido, todo es relativo y permitido: ¿por qué no?

 “No importan ya los héroes, los personajes que se proponen como modelo carecen de ideales: son vidas conocidas por su nivel económico y social, pero rotas, sin atractivo, incapaces de echar a volar y superarse a sí mismas. Gente repleta de cosas, pero sin brújula”. El Hombre Light,  de Enrique Rojas

 Como madres, y atrapadas nosotras también en este mundo “relativo”, es que topamos con la decisión diaria de dejarlos o no escoger. Nuestro amor puede ser  ciego en ocasiones para impedirnos ver la diferencia entre el “dejarlos ser” y el hacer de sus raíces.

 Para el autor de  El hombre light, Enrique Rojas, la sociedad actual ha sustituido la felicidad por el bienestar. La diferencia está en que la última es inmediata, de confort, mientras que la primera requiere paciencia, compromiso y coherencia.

 Su definición de la felicidad es el  resultado de  dos implicaciones: encontrarse a sí mismo (con una personalidad adecuadamente estructurada y a gusto consigo  mismo) y tener un proyecto de vida coherente (con tres ingredientes fundamentales: amor, trabajo y cultura). “La trayectoria biográfica, entonces, se vive como algo que merece la pena, a pesar de los sinsabores y los problemas que tantas veces surcan la existencia” concluye.

 Darles lo que quieren es satisfactorio, pero cultivar sus raíces, aunque no quieran, lo es más a futuro para su proyecto de vida.

Enseñemos a nuestros hijos a valorar las bendiciones de la vida, desde un cumpleaños hasta un día de lluvia, desde un regalo en caja, hasta un regalo de amor…


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