Bienvenidas a su mundo mágico

Eran las 5 a.m. cuando nuestra hija mayor nos despertó inundada en lágrimas y con su dientito en la mano. “El ratón Pérez no pasó mamita” balbuceó, mientras mi cara de horror hablaba por sí sola y me repetía en la mente: “Oh por Dios, trágame Tierra”.

 Un descuido y la realidad se traga esa fantasía tan pura de nuestros niños. Qué envidia me dan esos ojos chispeantes que describen los cuentos más increíbles. Entre los 3 y los 6 años los niños viven la edad de la fantasía. Esta manera de ver el mundo la describe el español  Ignacio Iturbe en su libro “La edad del despegue”, como “pensamiento mágico”. En este momento es cuando nuestros pequeños creen que lo imposible es posible. Que todos sus deseos van a cumplirse y que solo es cuestión de quererlo.

 En una época de desesperanza donde todo es incierto, desde la economía hasta el clima, sentimos la responsabilidad de brindarles un clima de quietud a nuestros pequeños donde puedan crecer y desarrollar sus sueños.

 Es maravilloso cuando logramos ingresar a su mundo imaginario. Matamos piratas, cocodrilos y demás por las noches. “No me crees, ya se fueron y si no los espanto”, digo con espada imaginaria en mano hasta ver la sonrisa complaciente que pone fin a mi obra de teatro.

 Padres de película

El escritor Iturbe, padre de nueve hijos y diecinueve nietos, nos propone ser padres de película, pero no de los de ficción, sino de los que dejan de ser meros espectadores  para compartir con los pequeños su mundo mágico. De quienes se ponen a su altura para contribuir en su formación.

El autor propone ayudarles poco a poco a diferenciar la realidad de la imaginación, sobretodo con lo que les da miedo. Claro, poco a poco porque qué lindo y tierno es este pensamiento mágico, hay que disfrutarlo mientras dura.

Pero mientras maduran podemos ser sus superheroínas, volar con ellos, acompañarlos y maravillarnos con sus inventos y salidas y hasta inventar nosotros respuestas a su nivel como la de mi esposo con la historia del diente: (Gracias a Dios él reaccionó porque yo estaba en shock)

-       “¿ A qué hora te acostaste?”

-       “A las o-cho”, respondió entre suspiros nuestra hija.

-       “ Ves, es que el ratón Pérez pasa por acá antes de las siete, sino cómo crees que la daría tiempo de visitar a todos los niños del mundo”.

Desde entonces cada vez que se le cae un diente, María José corre a dormirse temprano.

Cuántas historias mágicas vamos acumulando y  ¿cuál es la tuya?


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