Una nueva luz

Mi querida Lucy, hoy es el dìa de los Reyes Magos. Bueno de los magos, ¿porque sabías que en la Biblia ningún pasaje se refiere a que fueran reyes?

En misa el sacerdote enfocó la homilía a la importancia de la estrella en el portal. El portal o pesebre es el símbolo y tradición que nos recuerda el nacimiento de Jesús. Fue San Francisco de Asís quien en 1223 instauró la primera celebración navideña en Nochebuena en una cueva próxima a la ermita de Greccio, Italia.

Pero fuera de las figuras que rodean el portal, el sacerdote se enfocó en la estrella. Fue su luz la que guió a los magos hacia Jesús. Lo comparó con nuestra necesidad de buscar luz en la oscuridad a través de cualquier objeto que illumine.

¿Y qué ilumina nuestra vida? Más allá de lo material, la lámpara más cara o la más fina candela, el predicador se refería a la luz que significa Jesús en nuestra vida.

 

Te cuento, porque tu hermana mayor apuntó cada detalle. Jesús el Rey de Reyes, nació en un humilde establo. Uno de verdad, no tan lindo como el de los portales, como el de la finca, dijo tu hermana, con olor a boñiga y ganado y otros muchos animales como caballos, burros y bueyes.

Los magos, que en ningún lado se detalla que fueran tres, le ofrecieron a un bebé que se llamaría Jesús, incienso como señal de que es nuestro Dios, oro por ser Rey y mirra por ser hombre. Ese tres en uno lo convirtió desde hace 2012 años en nuestra luz a través de su ejemplo de vida y de muerte.

 

¿Lucía, sabías que tu nombre significa luz? Toda nueva vida es luz, por esto me cuesta entender a quienes deciden terminar con ella, esto se llama abortar y ¿sabes qué es lo contradictorio? Que mientras unas madres abortan, otras luchan por tener hijos.

Imagínate según la Organización Mundial de la Salud, 80 millones de embarazos no fueron planeados, es decir 2 de cada 5, así de sorpresa, como vos, nuestra tercera. De estos más de la mitad o 46 millones de embarazos terminan en aborto, es decir sus padres optan por apagar su luz. Y esto no es todo, esta oscuridad a veces consume a la madre ya que cada año mueren 68,000 mujeres al realizarse un aborto.

Aunque la luz esté frente a nuestros ojos, muchos se niegan a mirarla. Nosotros optamos por mirarte, como símbolo de esa luz que Jesús nos envía a través de bendiciones como el nacimiento de un hijo. Serás nuestra tercera bendición, más allá del promedio de dos hijos que tiene la familia costarricense. Será entonces una familia “grande” para la estadística de Costa Rica, pero una familia promedio como lo es desde Ghana hasta Israel, desde Filipinas hasta Bolivia.

 

Hoy, después de invertir horas escogiendo algunos opciones en lo que llaman lista de regalos para tu babyshower, nuestra familia comenzó a prepararse para tu llegada. Tus dos hermanas están muy emocionadas y créeme me dejaron agotada al revolcar toda la tienda. Tu llegada cambiará nuestras vidas y por eso doy gracias a Dios porque un nacimiento llene de luz nuestro hogar ,como lo hizo Jesús, luz de luz, hace más de 2000 años.

 


Valores por la vida

Portada MJ 43Cuánta razón tienen nuestras madres, pero seamos sinceras, caemos en la cuenta de esto  con intensidad  hasta cuando nos convertimos en una.

 El tiempo pasa volando, cuando te des cuenta irá a la universidad o se estará casando  y te vas a preguntar ¿en qué momento?, como en un abrir y cerrar de ojos”, me decía mi madre al contemplar a su primera nieta, pequeña y frágil como todo recién nacido, ante mi mirada atónita. “Ay mami, ¡qué exagerada!”,  le contesté con tono irónico.

 Casi nueve años después y en una noche de luna llena con olor a nostalgia  y brisa del norte, las palabras de mami me pesaron sobre los hombros al escuchar a mi hija mayor.

 Me contó que se sentía “estresada” y sollozaba entre las cobijas. “Mi cielo, quiero ser tu mejor amiga”,  le supliqué para que me contara.

Sus todavía pequeñas manos abrazaron mi oído y en un susurro me describió su decepción con una amiga a quien había contado un secreto que ella luego había revelado.

 “Yo soy buena amiga, ¿porque ella me falló?”,  me preguntaba hecha un mar de lágrimas, mientras yo me derretía entre sus profundos ojos oscuros.

 Con una mirada llena de madurez me penetraba hasta los recuerdos. Mi mente repasó tantas cosas. ¿Cuántas decepciones le faltarían por vivir?,  como la arena en el mar, ¿cuántas veces “le fallarían?”, miles de veces como esos granos de sal que se deslizan entre las manos.

 “¿Y entonces, para qué ser buena?”, me preguntó, muy en serio.

Y yo pensaba: “si supiera cuántas veces me he hecho yo esta misma pregunta y me la sigo haciendo…”

 Sí, en las ocasiones más inesperadas nos toca enseñar sobre los valores. Aunque el mundo no sea el ejemplo, aunque cada vez más a los niños se les haga un colocho al contrastar lo que no se debe hacer, con lo que ven en los signos externos, en el comportamiento de muchos adultos, a veces en nosotros mismos. Como cuando vamos manejando y nuestras hijas observan a dos jóvenes fumando felices en medio de un titular que dice: “Fumar es dañino para la salud”.

“Mami no entiendo, qué ridículo”, me dicen siempre.

 Cada vez más los expertos insisten en que no es suficiente con alcanzar logros profesionales para poder tener éxito en la vida. Las relaciones personales saludables y una actitud positiva, y yo le agregaría correcta y honesta, ante la vida, son muy importantes. Los valores son esenciales, aunque cada vez sean más escasos al ceder ante una moral acomodada.

 Como madres y padres somos los llamados a convertir los valores en realidad para que se llamen virtudes, o valores puestos en práctica. Nuestros niños imitan a las personas de mayor influencia en sus vidas, y esos somos nosotros.

 Vayamos más allá de la enseñanza de la teoría, que ahora está de moda. La práctica de los valores nos la enseñaban nuestros abuelos, sin acudir a tutores, mediante un juego al aire libre o nuestros padres, al enseñarnos a levantarnos a pesar de los raspones en las piernas.

 En lo sencillo está la respuesta, mientras tomemos nuestro tiempo y lo hagamos con cariño, en el compartir.

O podemos aplicar a la herramienta espiritual, con  la cual me ayudé a responder a esa pregunta tan complicada: ¿vale la pena ser buena?

 Recurrí al libro de los valores más antiguo del mundo, con un resumen de las mejores enseñanzas que un ser humano divino nos pudo haber dejado en ese momento. El manual de cómo ser bueno “a pesar de”: la Biblia y las vivencias de Jesús acá en la Tierra.

 “Vale la pena esforzarse día tras día por ser bueno, como Jesús nos lo enseñó. Él tiene una mirada rayos X y observa desde arriba la belleza que pocos vemos, no la física, sino la del corazón”. Le dije mientras nos fundíamos en un abrazo de oso.

 “Mami, cuánta razón tenías, el tiempo pasa volando”, ahora era yo la que me contestaba, mientras las lágrimas de mi hija, creciendo a pasos agigantados, empapaban mi hombro. De pronto sentí como esa humedad caía hasta mi vientre y recordé que ahora estaba alimentado por otra vida en camino, nuestra tercer hija, otro comienzo al ciclo de la vida, empedrado pero maravilloso.

(Fuente: mamajoven.com)


Entrenadoras de vida

El deporte es como la vida, pero jamás lo había dimensionado tanto como cuando vi a mi hija mayor competir por primera vez. En esa oportunidad todos los niños llegaban al otro extremo de la piscina, mientras ella apenas iba por la mitad.

Por solidaridad, todos los padres gritaban un “¡vamos!” compasivo, señal de que no se diera por vencido, y no lo hizo… Recuerdo haberme sentido tan orgullosa, que me abrasé con los padres de a la par cuando llegó, como si hubiera ganado una Olimpiada.

Fue en el torneo siguiente cuando se dio la prueba más dura. Sus abuelos habían ido a verla, sus ojos chispeantes los reconocieron desde la banqueta. Estaba lista, pero se confundió con el pitazo de salida, hizo una salida en falso y luego no reconoció el pitazo definitivo. Se puso nerviosa y no logró nadar como ella quería, se falló a ella misma y no se lo perdonaba. Me la encontré llorando desconsolada en el baño. La escena me recordó a mi misma, exigente y determinada, pero débil ante el fracaso.

La vida me ha ido enseñando y sigo aprendiendo, que la valentía se pone a prueba al levantarse, pero no siempre es fácil secarse las lágrimas y continuar.

 Y ni modo, tocaba  hacer lo que las mamás hacen (por supuesto no tenía la menor idea de cómo hacerlo, pero tenía que actuar o decir algo). “Aquí va” pensé mientras suspiraba con la intención de hacerlo lo mejor posible.  No sabía si mis palabras sonarían muy filosóficas para una niña de ocho años, pero lo cierto es que no pude evitar hablarle de la vida. Comencé por explicarle que a veces es difícil obtener los resultados tal y como los imaginamos, pero hay que reflexionar en qué podríamos mejorar y continuar, como quien no para de nadar aunque sienta que se está ahogando o quien continúa a paso firme para llegar a la meta aunque todos estén ya del otro lado de la piscina. “Faltan otras pruebas, hay que seguir adelante, el torneo no se termina hasta la última competencia”. Quisiera decir que funciónó, pero mentiría, en cambio lloró todavía más fuerte al punto que sus palabras se convirtieron en balbuceos.

 Ella se había fallado a sí misma: “Yo- me pro-pu-se no llegar de úl-ti-ma y no lo lo-gré” decía inundada en lágrimas. Y se dio lo inevitable, luego de mi fallido intento. Lloramos juntas, con todo y lo cursi que pueda sonar. Pero luego de cinco minutos de un aguacero de emociones y cariñitos mutuos en el cabello, se fue calmando. Eso era lo que necesitaba…

 Nos miramos a los ojos. Ella se secó las lágrimas y con resignación me pidió regresar con el resto del equipo.

Siguió nadando y al final, con la medalla de participación colgando de su pecho me dijo: “no salió como esperaba, pero valió la pena”.

¿Quién aprendió de quién?. Cuántas anécdotas deportivas vamos acumulando a su lado, cuando creemos que somos nosotras las entrenadoras, ellos también nos entrenan para la vida. ¿Cierto?


Darles lo que “no” quieren

Todas queremos lo mejor para nuestros hijos. El reto al educarlos radica en la fina línea divisoria entre lo que ellos quieren y  lo que consideramos es lo mejor para ellos. A veces coinciden, pero cuando no, nos enfrentamos a un  dilema.

 El problema es que muchas de las decisiones para determinar lo que es mejor para ellos son dolorosas de momento e impostergables. El siguiente  texto de Miguel de Unamuno fue el que inició esta reflexión:

“Se dice, y acaso se cree, que la libertad consiste en dejar crecer una planta, en no ponerle rodrigones, ni guías, ni obstáculos; en no podarla, obligándola a que tome ésta u otra forma; en dejarla que arroje por sí, y sin coacción alguna, sus brotes y sus hojas y sus flores. Y la libertad no está en el follaje, sino en las raíces, y de nada sirve dejarle al árbol libre la copa y abiertos de par en par los caminos del cielo, si sus raíces se encuentran, al poco de crecer, con dura roca impenetrable, seca y árida  o con tierra de muerte.” 

 En el mundo de hoy todo invita al descompromiso. Las modas se basan en vivir la vida, en dejarse llevar. La libertad de pensamiento, de elección, mal entendidas, confunden a los niños y jóvenes y los hacen creer  que todo es válido, todo es relativo y permitido: ¿por qué no?

 “No importan ya los héroes, los personajes que se proponen como modelo carecen de ideales: son vidas conocidas por su nivel económico y social, pero rotas, sin atractivo, incapaces de echar a volar y superarse a sí mismas. Gente repleta de cosas, pero sin brújula”. El Hombre Light,  de Enrique Rojas

 Como madres, y atrapadas nosotras también en este mundo “relativo”, es que topamos con la decisión diaria de dejarlos o no escoger. Nuestro amor puede ser  ciego en ocasiones para impedirnos ver la diferencia entre el “dejarlos ser” y el hacer de sus raíces.

 Para el autor de  El hombre light, Enrique Rojas, la sociedad actual ha sustituido la felicidad por el bienestar. La diferencia está en que la última es inmediata, de confort, mientras que la primera requiere paciencia, compromiso y coherencia.

 Su definición de la felicidad es el  resultado de  dos implicaciones: encontrarse a sí mismo (con una personalidad adecuadamente estructurada y a gusto consigo  mismo) y tener un proyecto de vida coherente (con tres ingredientes fundamentales: amor, trabajo y cultura). “La trayectoria biográfica, entonces, se vive como algo que merece la pena, a pesar de los sinsabores y los problemas que tantas veces surcan la existencia” concluye.

 Darles lo que quieren es satisfactorio, pero cultivar sus raíces, aunque no quieran, lo es más a futuro para su proyecto de vida.

Enseñemos a nuestros hijos a valorar las bendiciones de la vida, desde un cumpleaños hasta un día de lluvia, desde un regalo en caja, hasta un regalo de amor…


“La revista para la mujer de múltiples éxitos”


Bienvenidas a su mundo mágico

Eran las 5 a.m. cuando nuestra hija mayor nos despertó inundada en lágrimas y con su dientito en la mano. “El ratón Pérez no pasó mamita” balbuceó, mientras mi cara de horror hablaba por sí sola y me repetía en la mente: “Oh por Dios, trágame Tierra”.

 Un descuido y la realidad se traga esa fantasía tan pura de nuestros niños. Qué envidia me dan esos ojos chispeantes que describen los cuentos más increíbles. Entre los 3 y los 6 años los niños viven la edad de la fantasía. Esta manera de ver el mundo la describe el español  Ignacio Iturbe en su libro “La edad del despegue”, como “pensamiento mágico”. En este momento es cuando nuestros pequeños creen que lo imposible es posible. Que todos sus deseos van a cumplirse y que solo es cuestión de quererlo.

 En una época de desesperanza donde todo es incierto, desde la economía hasta el clima, sentimos la responsabilidad de brindarles un clima de quietud a nuestros pequeños donde puedan crecer y desarrollar sus sueños.

 Es maravilloso cuando logramos ingresar a su mundo imaginario. Matamos piratas, cocodrilos y demás por las noches. “No me crees, ya se fueron y si no los espanto”, digo con espada imaginaria en mano hasta ver la sonrisa complaciente que pone fin a mi obra de teatro.

 Padres de película

El escritor Iturbe, padre de nueve hijos y diecinueve nietos, nos propone ser padres de película, pero no de los de ficción, sino de los que dejan de ser meros espectadores  para compartir con los pequeños su mundo mágico. De quienes se ponen a su altura para contribuir en su formación.

El autor propone ayudarles poco a poco a diferenciar la realidad de la imaginación, sobretodo con lo que les da miedo. Claro, poco a poco porque qué lindo y tierno es este pensamiento mágico, hay que disfrutarlo mientras dura.

Pero mientras maduran podemos ser sus superheroínas, volar con ellos, acompañarlos y maravillarnos con sus inventos y salidas y hasta inventar nosotros respuestas a su nivel como la de mi esposo con la historia del diente: (Gracias a Dios él reaccionó porque yo estaba en shock)

-       “¿ A qué hora te acostaste?”

-       “A las o-cho”, respondió entre suspiros nuestra hija.

-       “ Ves, es que el ratón Pérez pasa por acá antes de las siete, sino cómo crees que la daría tiempo de visitar a todos los niños del mundo”.

Desde entonces cada vez que se le cae un diente, María José corre a dormirse temprano.

Cuántas historias mágicas vamos acumulando y  ¿cuál es la tuya?


¿Embarazada? ¡Otra vez!


Mientras las dos diminutas ventanas de esa prueba eran invadidas de lado a lado por una raya morada, todas las muecas de Jim Carrey se dibujaron en mi rostro. “Oh por  Dios,  ¡estoy embarazada! gritaba en mi mente mientras  sonreía, pero entonces, ¿por qué lloraba?.

¿Y ahora qué voy a hacer? ¿Será el mejor momento? Estoy  loca, ¿cómo vamos a hacer con  tres? ¿Y cómo voy a hacer  con el trabajo? Ahora sí, mantener a tres, educar a tres, ¡ahhhh!.

Sí, estaba asustada ¿Y ahora quién podría defenderme? De  fijo no el Chapulín  Colorado

La noticia de un embarazo es siempre una sorpresa, grata por supuesto, pero es un cambio  tan  grande en nuestras vidas que suele acompañarse de miedo, de dudas. No importa si es el primero,  el segundo o como en mi caso, el tercero. Una vida crece entre nosotros y  automáticamente  perdemos el control. No sabemos cómo transcurrirá el embarazo, si nos sentiremos mal o no, cómo será el parto. Sobretodo esto, porque sabemos que duele, pero cuánto dolerá esta vez ¡auchhh!

Mientras el tiempo da la respuesta, solo nos queda aferrarnos a la oración y al anhelo de llegar a cargar a ese bebé en nuestros brazos sin mayores contratiempos. Aún así, lo confieso, para quienes ya hemos tenido hijos, a diferencia de cuando éramos primerizas, creo que nos atemoriza más esa segunda etapa. Cuando ya lo tenemos en brazos y ya hemos experimentado las famosas malas noches, ese cansancio agotador, el regresar a ser “María motetes” con maletines repletos de pañales, chupones, coche, silla etc.

Ya no nos cuentan, lo hemos vivido y aunque no lo exterioricemos ¡Qué miedo da! ¡Cuánta incertidumbre! ¡Cuántas dudas!

Tardé varios días en procesar la noticia y pasaron otros más antes de contarles a mi esposo y dos hijas la noticia de que superaríamos la estadística de fecundidad, actualmente en un promedio de dos hijos por familia.

“No ya en serio” fue la reacción de nuestra hija mayor de ocho años (como si fuera un chiste…).

“¡Nooooo! Ya nadie me va a querer, cuando nazca ese bebé ya nadie me va a alzar”, soltó a llorar la menor de cinco.

Oh sí, parte del reto y no precisamente las reacciones de: “yo te voy a ayudar a cuidarla mamita”, que yo habría anticipado en mi sueño ideal, con música de fondo y sonrisas en cámara lenta.

Los achaques se han encargado de recordarme diariamente que no es un sueño. Mis pantalones se rebelaron tempranamente a cerrar desde la semana 8 y mi cara denota un cansancio inevitable.

Pero como nunca terminamos de aprender, a la semana 10 recibí un buen jalón de orejas. Un galope milagroso me hizo dejar de lado todas las preocupaciones. Las 160 palpitaciones por minuto de ese corazoncito, amplificadas por el dispositivo llamado doppler, me sacaron del trance.

Si la vida es un milagro, dar vida es un don extraordinario, de esos que solo Dios orquestra como parte de una sinfonía maravillosa donde él indica el tiempo y el porqué.

    ¿cierto? Es increíble ser madre, a pesar del susto,


Y volver, volver, volver…

Promoción Mamás de portada

Cuando en diciembre del 2008 escribí una nostálgica carta al niño anunciando la suspensión de la 

revista Mamá Joven, recuerdo haber tecleado con dolor la mayor petición: un hasta luego y no un adiós, un nuevo comienzo.

Este comienzo se dio el pasado 11 de agosto cuando en un evento íntimo, ante unas 60 personas anunciamos oficialmente el retorno de la revista Mamá Joven. Había otra razón para celebrar: el quinto aniversario de BabyPhoto Studio, ahora también con su hermano: LifephotoStudio en Paseo de las Flores. Iniciativa de las empresarias Gabriela y Karla Aguilar.Relanzamiento de Revista Mamá Joven.La rutina del mall Paseo de las Flores se vio interrumpida por la melodía de un arpa. Ana Cecilia Lizano bailaba sus dedos a través de las cuerdas para transportar a todos los presentes y curiosos a caminar entre las nubes.

Yo bailé un vals entre las nubes, mientras agradecía a Dios esta segunda oportunidad al lado de invitados especiales como representantes de empresas patrocinadoras de MJ, mamás que fueron portada, familia y amigos.

Este evento también fue el marco para homenajear a las madres, en especial a las tres ganadoras de la promoción Mamás de portada, en conjunto con el Paseo de las Flores y Lifephoto Studio. Karina de 21 años, Carolina de 31 y Ana de 42 ganaron y se convirtieron en modelo

s por un día.

Los invitados al evento también fueron modelos por un día. Alternaron los vinitos y los deliciosos bocadillos de Azafrán con varias sesiones de fotos vacilonas. Posaron con sombreros, boas y marcos gigantes mientras jugueteaban con la cámara. Acá les comparto algunas fotos para que vean que ser modelos está al alcance de un click.


Quiero enseñarles

Madres para enseñar

 En este mes de las madres me veo a mi misma dividida. Mis pensamientos se entrecruzan entre las múltiples necesidades de mi familia. Es increíble cómo nos cambia el hecho de ser madres. ¿Podremos ser egoístas nuevamente?

 Somos artistas en disimular cuando atendemos alguna otra faceta como mujer, profesional o trabajadora, la preocupación constante por nuestros hijos. Lo cierto es que ellos siempre serán parte de nosotras y su deseo de conocer la vida a través de la nuestra es el combustible para soñar con todo lo que queremos enseñarles.

Motivada por este principio universal de madre por extraer lo mejor de mí para regalárselos a mis hijas, quiero compartir con ustedes una mezcla de frases de grandes filósofos y mis pensamientos.

Quiero enseñarles a mis hijas a amar al prójimo muy a pesar de su vanidad.

Quiero enseñarles el valor de la humildad porque solo venciéndose, vencerán.

Quiero enseñarles a llorar solo para hacerse más fuertes y entender las dificultades como estímulos.  A ver en la reflexión el ojo del alma.

Quiero enseñarles a practicar el heroísmo diario de cumplir con su deber.

Quiero enseñarles a amar para dar y no para recibir, amar para mejorar y no para poseer.

Quiero enseñarles que si no tienen el privilegio de hacer lo que les gusta deben disfrutar de lo que hacen.

Quiero enseñarles a entender que las circunstancias están fuera del control del hombre, pero su conducta está en su poder. Nuestros consejos como madres deben inspirar conducta y no reproche.

Pero ante todo, y si solo pudiera lograr una sola cosa, quisiera regalarles un instrumento que cumplirá todas las anteriores, como fuerza de fe para mover montañanas. Quiero enseñarles a encontrar la más sublime sorpresa en sí mismas, su templo divino, protegido en su alma: a DIOS.

(Fuente: mamajoven.com)


Guía contra la rebeldía

Según la Organización Panamericana de la Salud a partir de los 2 años, los niños deciden muchas de las compras de sus padres. Pero no solo esto, en ocasiones adquieren el control de nuestra vida, sobretodo cuando el agotamiento vence a la tenacidad que se requiere para imponerles límites y reglas. Con esta realidad en mente, es que a veces nos rebelamos a las recomendaciones de los especialistas de educarlos con mayor comunicación, pero con firmeza.

Nos informamos constantemente, al punto de que ciertos términos como tiempo fuera para castigarlos, o  la técnica de “en 5 minutos” para bañarlos o dormirlos, son ahora la  “jerga” de las mamás modernas que luchan diariamente por cumplirlas, aunque a veces impliquen pequeños desvaríos. Como cuando mi hija me dice a mi que espera la cena “¡en 5 minutos!”.

Hoy comparto esta guía de mi imaginación, no para vencer la indisciplina de nuestros hijos porque para ello están los consejos de nuestros especialistas, sino para vencer nuestra propia rebeldía, ante el estrés de nuestras múltiples funciones. El reto está en no convertir lo que se piensa en realidad…

Sea comprensiva: Muestre empatía con su hijo y no se enoje, aún cuando los vecinos escuchen el berrinche.

Rebeldía por vencer: Las ganas de regalarlo a sus vecinos.

 Ponga límites: Explíqueselos de una forma clara y cuando le pegue a su hermano mantenga la calma y recúerdele las reglas con firmeza.

Rebeldía por vencer: Mientras se las recuerda de una forma dulce, meterle un pellizco y hacer cara de loca.

Escoja sus batallas: Si su hija quiere vestirse con la blusa de “fresita” y el pantalón de “campanita”, aunque los colores no combinen y parezca un payaso, relájese, no todas las batallas pueden pelearse.

Rebeldía por vencer: Lucha libre para ponerle la mudada de “dominguear”.

 Insista en una buena alimentación: Un niño necesita probar un alimento por lo menos 13 veces antes de desistir.

Rebeldía por vencer: “Si te comés todo los vegetales te compro unas papas fritas”.

Dele un giro positivo al no: En vez  de decirle que no toque los floreros de cristal, enséñele todo aquello con lo que sí puede jugar.

Rebeldía por vencer: Quedar afónica mientras desesperadamente grita ¡Te dije que Noooooo!.

 Respete su edad y su etapa: Muchas veces su hijo no sigue sus instrucciones porque no sabe cómo hacerlo.  Para que aprenda, hágalo usted con él y no le reclame por situaciones que ni él mismo entiende.

Rebeldía por vencer: Aprender a caminar apartando los juguetes para no caerse o el preguntarle una y otra vez, ¿porqué te orinaste en la alfombra de la sala?, mientras ella contesta frustrada:  “¡No sé mamita!”.

 Aprenda a ignorarlo: Haga valer su NO cuando su hijo insiste en obtener algo y si ya le explicó con firmeza su decisión ignore su berrinche.

Rebeldía por vencer: Que quien termine llorando sea usted mientras escucha como el berrinche contagió a sus otros hijos.

 Recuerde: Aunque a veces no lo parezca, nosotras tenemos el control, solo hay que ser valiente y persistente.

**** Aplican restricciones… (en casos de desahogo)

(Fuente: mamajoven.com)